EL TIEMPO ES CRONO…

    Es tiempo de confinamiento.
    Es tiempo de estado de alarma.
    Es tiempo de quedarse en casa.
    Es tiempo de estar atentos a una maldita curva cada mañana… pero al fin y al cabo, es TIEMPO.

    Es tiempo de adaptarse a la nueva situación.
    Es tiempo de demostrar tu grado de inteligencia.
    Es tiempo de comprobar tu capacidad de resiliencia.

    Es tiempo de reflexión, soledad, desconcierto, incertidumbre, preocupación, asombro, rabia, impotencia, enojo…

    ES TIEMPO DE APRENDIZAJE…

    Habreis escuchado mil veces que el tiempo vuela, que el tiempo es oro pero en realidad, en nuestro día a día, como pone de manifiesto Sergio Turull en su libro «Corro porque caminar me cansa», EL TIEMPO ES CRONO.

    La vida es como un reloj de arena que se invierte nada más llegar al mundo. Nuestros días son una etapa contrarreloj donde desde que suena el despertador hasta que te vas a la cama, toda actividad está marcada por horarios cerrados y establecidos. Mucho «carpe diem» de boquilla y la realidad es una rutina enmascarada donde no incluimos tiempo para pensar en nosotros. Somos como muñecos autómatas todas las mañanas en el mismo atasco para llegar al trabajo. Las tardes cargadas de actividades ocupandonos todas las horas. Y quizás te acuestas con sensación de cansancio y satisfacción por todo lo que has estirado el día pero… ¿te has parado a pensar si realmente es lo que te hace feliz? ¿O quizás detras de esa «satisfacción» no está la ansiada felicidad? Los lunes ya estamos programando el fin de semana para tener esa motivación, esa cuenta atrás…

    Hasta que un día de repente, bien sea por una enfermedad propia, la de un familiar cercano como fue mi caso o por lo que ahora mismo nos está pasando a todos, la vida hace que te detengas. Tú te paras pero ten claro que la arena de tu reloj sigue su curso.

    Este mes, de momento, no nos lo devuelven en un talonario de 30 cheques de 24 horas. Estos días que más que encerrados, estamos protegiéndonos… son parte de nuestra vida.

    Por eso, a pesar de ser callejera sin causa, un culo inquieto, evitar obligaciones, dar esquinazo a compromisos… desde que el pasado 14 de marzo, se hizo oficial el deber de quedarse en casa, no he dudado ni un momento en invertir esas cientos de horas en hacer lo que más me gusta. Prueba de ello es que aquí me tenéis, escribiendo, lo que más me place después de la actividad física.

    Lo primero que hice fue prepararme para la nueva forma de vida tan diferente a mi cotidianidad.

    No os miento si os digo que me encantaría estar en primera línea de esta batalla y sentirme una heroína como a las que aplauden desde las ventanas cada tarde. Sentirme útil en estas duras circunstancias. No obstante, todos podemos ayudar y yo he sido de ese colectivo afortunado, dentro de lo malo, que puede quedarse en casa y así ser parte de ese antídoto, de esa vacuna que construimos entre todos contra el bichito que se ha presentado aquí por sorpresa para cambiar nuestra existencia, para recordarnos que las cosas no debes darlas por hecho sino valorarlas sin necesidad de que venga él a arrebatarnoslas de un plumazo. Y es que a la sociedad se nos estaba yendo de las manos…

    Ya son 14 los días que llevo dentro de un piso de dos dormitorios completamente sola con mi mascota. Sólo he visitado un supermercado en este tiempo y un par de vueltas diarias a la manzana para que el perro haga sus necesidades.

    Los días amanecen grises y lluviosos. La primavera ha irrumpido tristemente. No sé si es que el cielo llora o que todo se está limpiando: corazones, almas, conciencias y hasta los pulmones de la tierra.

    Así que si estás en esta situación o te has incorporado más tarde al confinamiento, te dejo unos consejillos que a mi me han sido de gran utilidad para vivir durante este periodo anómalo:

    – En primer lugar, hice una compra grande sin arrasar. No sé, compré 12 rollos de papel higienico y me siguen quedando 7…🤦‍♀️

    – Me quité el reloj de la muñeca y es como si me hubiese desprendido de unas esposas. Así como toda alarma del móvil. La vida me está dando la oportunidad de vivir sin prisas… Lo que por un lado te asfixia, por otro te libera…

    – Silencié el móvil. No dependo de él. Lo utilizo yo cuando quiero y con quien quiero…

    – Organización diáfana del espacio. No es como más bonita está la vivienda pero mira, es que voy a estar yo sola conmigo misma muchas horas. Así que tiene que hacerme sentir bien a mí, no a las «visitas»…

    – Cambio de armario. Guardé zapatos de tacón, minifaldas, bolsa del gimnasio… Seleccioné prendas de rollo flow, anchas, con las que estar cómoda en casa sin necesidad de tener que estar todo el día en pijama y moño como con la peor de las resacas.

    – Lo mismo hice con el neceser. Dejé fuera una bbcream efecto buena cara, un brillito de labios hidratante y poco más. Un maquillaje básico para estar en casa y no morirte cada vez que pasas por un espejo…

    – Anoto en una libreta 5 cosas positivas que me hayan pasado en el día y las leo antes de irme a dormir. Yo, además, estoy apuntando los aprendizajes de este periodo…

    – Ya lo tienes… Ahora piensa que vas a hacer estos días, cuales son tus actividades favoritas y establece unas rutinas que te hagan no caer en la del sofá y el móvil…
    Aquí, cada cual tiene que seleccionar las suyas…
    Las mías son actividad física y escribir. Tengo suerte porque ambas puedo hacerlas en casa.
    Por otro lado, haz una lista de aquellas cosas que tienes pendientes o que no haces por falta de tiempo…
    Las mías eran:
    – Terminar el libro que tenía empezado.
    – Aprender a preparar más recetas saludables para ampliar abanico de opciones para comer.
    – Probar mascarillas y potingues que ni habia abierto.
    – Dejar la montaña de plancha a cero.
    – Quitar de los armarios todo aquello que no utilizo.
    – Hacer actividades tipo zen: pilates, yoga…

    Bien, lo tenía claro. Así comencé el domingo 15 de marzo con mi nueva vida.
    Me levanté sin prisas, busqué una rutina deportiva en Instagram y la grabé para compartirla porque así te invitaban a hacerlo promoviendo el hashtag #yoentrenoencasa. Disfruté de un desayuno relajado y bien emplatado. Y cual fue mi sorpresa que durante dos días consecutivos estuve recibiendo mensajes bonitos que me hicieron sentirme fuente de motivación, me hicieron sentirme útil durante este tiempo «raro». Y me gustó, me gustó muchísimo.

    Así que decidí continuar haciéndolo mientras esto dure por si motivo a alguien que no tenga esa capacidad de compromiso consigo mismo. Y como una cosa, lleva a otra… yo os ayudo pero al ver el seguimiento y los emotivos párrafos que me dedicáis, lo considero un ejercicio de retroalimentación positiva a través de las redes sociales.
    Y así, esta gran familia que hemos creado a través de una pantalla, se ha hecho fuerte y ha crecido llegando incluso a organizarse la I Carrera Indoor recaudándose más de 200.000 euros para el Hospital La Paz de Madrid. Este domingo repetimos y los donativos irán para Barcelona. Me siento tan bien siendo partícipe de este tipo de iniciativas…

    A los pocos días del encierro, se sumaron los directos de mis entrenadores de Ego Sport Center. Sesiones de entrenamiento, retos… hay miles en las redes, ya que la respuesta ante la situación, está siendo brutal pero me gustan mucho más estas clases en vivo y poder interactuar con ellos en el salón de mi casa. Se han convertido en mis amigos. Son de las poquitas personas que veo a lo largo del día.

    Bueno, pues así, entre unas cosas y otras, ya han pasado 14 días, y si hago un balance de los mismos, os puedo decir que estoy orgullosa de mí misma porque estoy VIVIENDO y no SOBREVIVIENDO.

    No os voy a engañar. No partí de una situación maravillosa. El mismo día que se confirmó este estado de alarma, yo estaba bien temprano, sentada en una piedra frente al mar, muy agobiada y con lágrimas en los ojos. A las 8:00 de la mañana la policía local y una aglomeración de gente en la puerta de un Mercadona como si del apocalipsis se tratara. Yo no tenía que estar ahí llorando, tenía que estar en Elche… maldita sea mi suerte de conocer una bonita casualidad en este horrible momento…

    Cuando llegué a casa para confinarme, tenía muchas cosas que hacer y maletas que deshacer. Sin embargo, sólo quería meterme en la cama y descansar cuerpo y mente.
    Tenía que limpiar, ordenar ropa, bañar a Coco, poner la lavadora y sí, deshacer esa maleta con profunda tristeza.
    Pero había vuelto a casa y sin tener que volver el lunes al trabajo. Y vale que tenía cosas que hacer pero lo importante podía esperar y lo urgente no. Y lo urgente era ese descanso sin reloj, sin teléfono… para afrontar lo que se nos venía encima.

    Siempre nos han dado lecciones para aprovechar el tiempo: estudia, lee, viaja, come sano, entrena… Siempre para un objetivo.

    Pero… ¿qué pasa ahora? No tenemos objetivo ni a corto ni a largo plazo. ¿Que se hace cuando estás perdido? Tendremos que parar, tendremos que desconectar de todo para conectar con nosotros mismos. No es pasar de todo, es priorizarnos. Y dormir es parte de ello.

    El lunes ya limpié, el martes ordené, creo que hasta el miércoles no deshice las maletas y Coco sigue sin bañarse…
    Continúo con las actividades que me gustan y me quedan muchos ratos muertos en los que me voy a mi habitación a pensar un rato. Un rato bien largo.

    Si antes de este suceso ya mostraba un aspecto algo locuelo, infantil, pasota y despreocupado, cuando esto pase que se prepare la bonita casualidad para dedicarnos horas sin prisas, sin reloj, sin teléfono… En silencio ya… no te lo prometo🤦‍♀️🤣🤣

    Que pasaremos todos una fase de Sindrome Quechua. Esa obsesión enfermiza por no dejar para mañana nada que se pueda hacer hoy… pero quien me conoce sabe que yo elijo la tranquilidad por encima de todo, la paz y no necesitar encajar mil planes al día. Quiero solo uno y disfrutarlo, saborearlo lentamente. Elijo calidad a cantidad, me quedo en mi soledad con Coco antes que con compañías oportunistas.

    Y esta situación lo único que está corroborando es que así era feliz y SÍ lo sabía. Hace mucho tiempo que encontré mi lugar en el mundo, que me encontré a mí misma.
    Y ahora sólo sueño con continuar mi historia por donde la dejé ese maldito 14 de marzo, con poder visitar a mi madre y a mi hermano, con poder sentarme en la arena de la playa, con poder ver a mis amigos cuando quiera, con correr, con continuar desempeñando un trabajo que me gusta y con hacer de nuevo esa maleta que representa la nueva y bonita ilusión que llevaba tanto tiempo esperando.
    En definitiva, sueño con recuperar la libertad pero el tiempo en sí seguiré invirtiendolo en las mismas actividades. No daré por hecho nada y me daré nuevas oportunidades pero poco más…

    Estoy positiva y sé que si el bichito se olvida de mi entorno cercano, todo continuará por donde lo dejé.

    Mientras tanto, os invito a que seáis conscientes de que vuestro tiempo no se ha parado con vosotros, lo tienes como cada día de tu vida… En tu mano está en qué emplearlo😉

    Coco y yo os deseamos lo mejor para todo lo que queda por venir y os mandamos mil besitos💋

    #elvalordeltiempo
    #yomequedoencasa
    #quedateencasa
    #nosabescuandovaasertuultimodia
    #resilencia
    #inteligencia
    #laalegriadevivir

    Categories: Querido diario

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