ALGUNOS ANGELES TIENEN NARIZ DE PELOTITA

    Buenas tardes, chicas! Hoy vengo a hablaros de mi nueva locura, de mi bebé de nariz húmeda, de Coco, mi bichón maltés, mi nuevo amor😍
    Como veis, me fluye solo hablar de él. Le miro la carita y es muy fácil. Os cuento la historia de mi convivencia con animales y lo que le aportan a mi vida.
    De pequeña, jugando en la calle, me mordió un perro y le cogí miedo a todos los peludos. Además, no concebía el hecho de convivir en un piso con ningún animal. Nunca me ha parecido higiénico ni he considerado que sea espacio adecuado para la vida de ninguno.
    Sin embargo, a los meses de fallecer mi padre, mi hermano trajo a casa a Leo, un precioso cachorro de Golden Retriever que vi como nos devolvió la alegría a todos🐶
    Desde que tuve esta experiencia y después de convivir con él durante 6 años, tenía claro que cuando me independizara yo quería contar con ese amor perruno en mi hogar🏠❤🐶
    Cuando llegó ese momento, hace ya dos años y medio, me instalé en mi vivienda con mi ex pareja y teníamos claro que íbamos a ser los papás de un chow chow blanco grandote, modo oso, que nos acompañaría tanto en nuestro amplio reportaje de fotos como en nuestras escapadas. Ahorré el dinero en una hucha con forma de kettlebell. Sus trabajos a turnos eran inestables y lo íbamos dejando pasar. Yo leí mucho sobre esta raza y en una de nuestras visitas a Tarifa nos cruzamos con uno y nos paramos a acariciarlo y a hablar con su dueño. Nos explico de su piel delicada y de la dificultad para desenredarle el pelo y quitarle la arena al subir de la playa. Me puse muy triste porque me parecía egoísta tener uno así en Almería y que por mi capricho sufriese por el calor y por la vida que iba a llevar conmigo.
    Como ser mamá perruna era uno de mis sueños y me gustan los perros de raza grande, comencé a buscar información y alternativas. Intentando buscar lo más adaptable a mi estilo de vida y lo mejor para el animal, me quedé con el labrador y el perro de agua como opciones.
    Y a su vez, la vida giró 180 grados y me quedé soltera, por lo que la carga de paseos, educar al cachorro, guardería para mis viajecillos y demás, recaería entera sobre mí y la verdad es que no es por comodona pero era una cosa que me apetecía compartida.
    Han ido pasando los meses, escribiendo pidiendo información cuando veía una camada, recapacitando, no queriendo actuar egoístamente por mi capricho… pero llegó el momento. Hace unos 15 días aparqué en el centro comercial cerca de la tienda de animales. Nunca me acerco al escaparate porque me da muchísima pena ver a los cachorritos ahí dentro pero fue inevitable porque estaba a tope de diferentes razas y monísimos. Entre todos los que había, uno me llamaba la atención, un peluche blanco. Los demás pasaban de mí y seguían jugando entre ellos. Entré a la tienda para comprobar que no era cosa mía y el susodicho me seguía con la mirada y continuaba haciendo de las suyas. Tal era mi desconocimiento y pasotismo de las razas pequeñas que tuve que preguntarle al chico de la tienda por él. Me dijo que era un bichón maltés y que era perfecto para un piso porque no suelta pelo, es muy cariñoso, manejable…
    Al llegar a casa, comencé a leer sobre ellos y me convencía cada vez más pero no quería cualquier bichón, quería ese. Fui a verlo varias veces y el viernes, tras una rachilla en la que me he sentido un poco sola, me decidí a romper la hucha e ir a por él. Tengo que reconocer que había ido a verlo expresamente en varias ocasiones.
    Llevo una semana con él y estoy loquita. Tengo ganas de llegar a casa, de estar con él, de acariciarlo, de cuidarlo… Ningún viaje ni precioso vestido me aporta la felicidad que me da escuchar latir su corazoncito. Me dicen que lo deje en el suelo y es que me encanta abrazarlo y sentirlo. Muero de amor.
    Al publicar mi nueva adquisición recibí cientos de mensajes bonitos hacia mi nuevo compañero de vida y otros tantos acusándome por no adoptar uno de la perrera, o incluso pidiéndome que adoptase un galgo. Me gustan los animales y si me da pena mirar el escaparate de una tienda de mascotas, imaginaos cuando los escucho al pasar por la perrera municipal o cuando los veo cruzando carreteras y atropellados en el arcen. Pero como ya he explicado, por mi estilo de vida y por el lugar que tengo para ofrecerle no me sirve cualquier perro. No puedo tener una raza que exija muchas carreras a diario, ni uno muy grande, ni que ya tenga cierta edad con sus costumbres adquiridas y me destroce el piso o ladre mucho. Tengo vecinos con tabiques de pladur… Si tuviese un cortijo ya tendría unos cuantos acogidos. Por el momento, lo único que os puedo decir a esas personas detractoras de mi decisión es que a Coco lo voy a tratar como me gustaría que tratasen a todos los seres vivos del mundo y que va a recibir cariño y amor a raudales, como mucho me podéis acusar de acosarlo con tanta foto pero es que es tan adorable…
    En cuanto a la elección de su nombre os puedo decir que no me resultó fácil. Si tengo un bebé humano, tengo claro que va a ser una niña super simpática y deportista y se va a llamar Mar. O si por ser tan viejuna y sin pareja, me tengo que inseminar, pues serán mellizas, Mar y Julieta…
    Bueno, volvamos al nuevo miembro de la familia, que me pongo a hacerme ilusiones y me quedan preciosas. Veo ya en mi mente la foto en Mercadona del Coach Nutricional conmigo al lado, la niña rubia y Coco. Y llevando una vida saludable y deportiva payaseando un rato.
    Barajaba para él cualquier nombre de personaje Disney: Pongo, Simba, Pluto, Goofy, Lilo… pero de repente me acordé de la última película que me impactó: COCO. Su nombre no es por la pijada de Channel, ni por esa fruta blanquita como él. Ni siquiera lo quiero modernizar cambiando la C por K. Me encantó la idea porque con la peli que lleva su mismo nombre se aprende a valorar a la familia y él ya es miembro de una de base sólida. Además, destaca la importancia de perseguir tus sueños y mi Coco es uno mío cumplido. Como veis, su nombre tiene sentido, como todo lo que hago, aunque en ocasiones no lo parezca. Si a eso le sumamos, que cuando me dieron su cartilla vi que nació un maldito día 5, sumemos conexiones. Vidas que llegan, vidas que se van pero siempre en el recuerdo es igual a siempre vivo, abuelito Guillermo.
    En fin, que de ser detractora de vivir con animales he sentido como vivir con un perro te cambia la vida. No solo es una gran responsabilidad, sino que es una fuente inagotable de enseñanza y bienestar.
    Cada día es una aventura y no hay un solo instante en el que estando con él te sientas sola. Así, a continuación os cuento 7 cosas que mi primer perro, mi Leo, me enseñó:
    1. Mi perro me enseñó a amar sin condiciones
    Mi perro me enseñó el valor del compromiso y de la reciprocidad. Gracias a mi perro aprendí el valor de la lealtad, que es inmensa. Y el amor incondicional, el amor de pase lo que pase y el amor de “te quiero siempre a mi lado porque contigo mi vida es infinitamente mejor”.
    2. A ser paciente y a perdonar
    En realidad, mi perro cada día me enseñó a no enfadarme. La vida no es de color de rosa, y eso mi perro lo sabe; sin embargo, es capaz de perdonar cualquier fechoría o cualquier salida de tono y seguir hacia adelante, porque hay un lazo mucho más grande que nos une para siempre.
    3. A vivir cada momento intensamente
    Mi perro disfruta de un paseo, de un rato de juego o de una comida como si fuese la primera o la última de su vida. Él también tiene sus ansiedades y sus preocupaciones, pero todo le hace disfrutar y procura vivirlo intensamente. Es algo así como el “carpe diem perruno”.
    Además, cada día se reservan un rato para explorar y ejercitarse, no pasan un día entero sin hacerlo aunque solo sea un poquito. En cuanto al paseo, le da igual a donde ir, él es feliz por acompañarme y sabe valorar esos momentos. No hay nada para hacerme sonreír como ver lo contento que se pone porque sale a pasear.
    4. A adorar el caos
    Adoro su desorden ordenado. En medio del caos de juguetes y huesos entre las diferentes habitaciones de la casa, él sabe dónde tiene lo que quiere y lo que le apetece en todo momento.
    No hay razón para perder el tiempo en organizar sus cosas ni en establecer prioridades: mi perro es feliz con lo mucho o poco que tenga, recuerda que lo tiene y sabe disfrutarlo. Si comienzo a recoger sus juguetes para llevarlos a su cuna me persigue para asegurarse de tenerlo todo controlado. Y lo más asombroso es que lo consigue. Ojalá fuese capaz de llevar mi vida tan organizada sin preocuparme por el orden constantemente.
    5. A disfrutar de los pequeños placeres de la vida
    Escuchar su respiración sosegada en la noche me produce una paz indescriptible. Se tumba cerca de mí y se siente seguro y amado. Tanto como yo a su lado. Me resulta tan delicioso escucharle que duermo a pata suelta desde que lo tengo conmigo, a mi lado.
    6. A comunicarme con mi cuerpo
    Puede que él no entienda lo que yo le estoy diciendo pero sabe por mis gestos o la forma en la que pongo mi cuerpo hacia él cuál es mi estado emocional, o si le quiero decir algo. Ambos nos hemos vuelto muy habilidosos para comprendernos y no hay nada que se nos resista. Los animales son verdaderos detectores de emociones.
    Es muy común que los que han compartido su vida con un animal hayan tenido la sensación de que en verdad parece que entienden lo que les decimos. Es cierto, lo hacen.., no sé si por lo que decimos o por cómo lo decimos, pero nuestra capacidad de comunicación y de intercambio llega a ser alucinante. Realmente esto me ha hecho consciente de lo que puedo llegar a transmitir.
    7. A sentirme única e irremplazable
    Un perro te enseña cientos de cosas, te da lo que necesites y te seguirá toda la vida. Pero lo que un animal te va a enseñar es a quererte y a aceptar el hecho de ser una persona merecedora de amor.
    Mi perro me ha hecho mejor persona y sé que seguirá haciéndolo cada día. Me ha enseñado que puedo ser amada con gran intensidad y de forma incondicional. Pero además, me ha enseñado el valor de decir te quiero cada día y, además, decirlo sin palabras.
    Es increíble lo difícil que me resulta decir un TE QUIERO, más bien, lo poco fácil que me resulta sentirlo por una persona y lo sencillo que es un perrito. No te defrauda, responde a tus expectativas dándote el doble de cariño del que tú le das, sin moverse por interés.
    Claro que no es ni mucho menos incompatible pero para tener compañía sin sentir nada por alguien, tengo bastante con mi Coquito. Supongo que lo otro, ya llegará… Aunque en realidad, ya solo lo supongo…
    En fin, que sé que las personas que no habéis convivido con un animal, no lo entendéis. Incluso no os gustan y sólo le veis cosas negativas pero mi opinión es que en esta sociedad cada vez más egoísta, con la filosofía de mirar por tu bienestar personal sin importarte los sentimientos del otro, siguen existiendo los ángeles y algunos no tienen alas. Tienen 4 patas, un cuerpo peludo, nariz de pelotita, orejas de atención y un amor incondicional.
    Espero que os guste el post. Además, aunque no haya pasado una semana aun desde mi anterior entrada, estaba deseando compartir esta experiencia de ser mamá perruna con vosotras.
    Ah! Y si queréis seguirlo, tiene su propio instagram @elcocodeleo
    Y me hace especial ilusión que sea hoy porque Coco ayer cumplio 3 meses y hoy hace una semana que está conmigo. Ahora, cada día 5 me acuerdo como hasta el momento de otro mes de falta de mi papá pero miro a mi bolita y veo como la vida sigue creando cosas bonitas por las que merece la pena levantarse feliz. Ahora solo me queda disfrutar de su compañía e intentar que se lleve bien con el primito Leo, que se ha puesto celosón con su llegada😅
    Un beso y que paséis buen finde, bonitas!
    #amorperruno
    #algunosangelesnotienenalas
    #Coco
    #mibebé
    #delasmejoresdecisionesdemivida
    #eligeserfeliz
    #quienmequieraamilotienequeamarael

    Categories: Querido diario

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